Latín "aquello que debe sumarse". Pensamientos en beta perpetua.

31 de diciembre de 2011

Un año para sorprenderse, pero de uno mismo

Neil Gaiman lo dice estupendamente en inglés. Martín Casanova lo reproduce en español en su blog, una versión escrita por Hernán Cabrera.

Rescato el último párrafo, porque es de esos que vale la pena repetir hasta tenerlo casi de memoria, para que pueda venir a nuestro rescate en momentos de incertidumbre.

"So that's my wish for you, and all of us, and my wish for myself. Make New Mistakes. Make glorious, amazing mistakes. Make mistakes nobody's ever made before. Don't freeze, don't stop, don't worry that it isn't good enough, or it isn't perfect, whatever it is: art, or love, or work or family or life.

Whatever it is you're scared of doing, Do it."


"Ese es mi deseo para ti, y todos nosotros, y mi deseo para mí mismo. Cometer errores nuevos. Cometer errores gloriosos e increíbles. Comete errores que nadie haya cometido antes. No te congeles, no te detengas, no te preocupes si no es lo suficientemente bueno o no es perfecto, sea lo que sea: arte, amor, trabajo o familia o vida.

Sea lo que sea que tengas miedo de hacer, házlo."


Aprender haciendo, learning by doing. Ojalá que así sea todo el 2012 y más también.



29 de octubre de 2011

La memoria

La memoria es la corteza de la vida: epidermis de la enunciación, por lo tanto, orilla. Y como tal, limbo: transformación, principio ontológico que fractura el orden de las lindes que la conforman; comunión de opuestos y amalgama de contradicciones que se consumen en un instante, dejando tras de sí una estela plurisémica sin bordes ni gravidez.

Y si la memoria sufre parciales borraduras, ahí esta la ficción para reconstruirla.
Reseña sobre Lo imborrable, novela de Juan José Saer.



Desde la ficción o el sueño de esta mañana que tratamos de recordar, desde la enseñanza y la ciencia, la memoria es tema complejo.

Facundo Manes (@manesf) en su artículo Internet no debilita la memoria, hace referencia a una cualidad inestable de nuestros recuerdos:

"Cuando uno experimenta algo, el recuerdo es inestable durante algunas horas, hasta que se fija por la síntesis de proteínas que estabilizan las conexiones sinápticas entre neuronas. La próxima vez que el estímulo recorra esas vías cerebrales, la estabilización de las conexiones permitirá que la memoria se active. Cuando uno tiene un recuerdo almacenado en su cerebro y se expone a un estímulo que se relaciona con aquel evento, va a reactivar el recuerdo y a volverlo inestable nuevamente por un período corto de tiempo, para volver a guardarlo luego y fijarlo nuevamente, en un proceso llamado "reconsolidación de la memoria". La evidencia científica indica que cada vez que recuperamos la memoria de un hecho, ésta se hace inestable permitiendo la incorporación de nueva información. Cuando almacenamos nuevamente esta memoria como una nueva memoria, contiene información adicional al evento original. En otras palabras, muchas veces aquello que nosotros recordamos no es el acontecimiento tal como se ha manifestado en la realidad, sino la forma en que fue recordado la última vez que lo trajimos a la memoria."

Fascinante.

Esta cita me deja pensando en todos esos momentos en que le pedimos a los alumnos que recuerden lecciones anteriores, en la oportunidad única de ser parte y, al mismo tiempo, escultor de esos recuerdos.

Seguramente faltan muchos años para que la neuropedagogía sea una ciencia con respuestas concretas para las preguntas que los docentes tenemos sobre cómo aprende un ser humano. Mientras tanto -al igual que la memoria- nos manejamos en la orilla de ese conocimiento, con nociones escurridizas, poco entendibles o casi mágicas por lo inobservables.

Por lo demás, preferimos argumentos endebles a nuestras experiencias de aula. Yo tengo la ilusión de ver algún día un cambio de paradigma provocado por las neurociencias. Un cambio tan significativo como la aparición de la web social. Ese día vendría a señalar el fin, ya no de los pseudo-expertos, sino de los maestros que sólo siguen su librito.


27 de septiembre de 2011

Al abrigo de Google

"...la idea de que alguien pudiese tener en su casa, al abrigo del mundo, algo escondido -un diario o lo que fuese- le pareció extraña, casi imposible..."
Al abrigo. Juan José Saer.

Encontré este video en el blog de Gustavo Cucuzza. Es una historia de 56 segundos. Muy reveladores.





Miro. Entonces me pregunto:

Si leyéramos nuestro historial de búsquedas en Google y lo viéramos como una historia, como un diario que escribimos de a poco y sin darnos cuenta, ¿cuál es la propia historia que nos revela Google, el gran narrador?

Si decidiéramos marcar los hitos de nuestra vida en una línea temporal, seguramente elegiríamos momentos de acción y no de escritura. Pero cuánto hay de nosotros, de nuestra realidad, oculto en el historial de lo que devoramos leyendo a diario.

¿Qué querríamos borrar? ¿Cuántas horas nos gustaría recuperar para vivir de otra manera?

Si, como decía Lennon, la vida es aquello que sucede mientras estamos haciendo planes, ¿cuál es tu vida mientras buscás en Google? Tus deseos, tus ganas de aprender y cambiar cosas están ahí. El perfil de esa persona en Facebook o Twitter, el artículo que tenía un título gancho que lo hacía insoslayable, la foto prohibida.

Más completo que cualquier nube de etiquetas hecha con la herramienta donde guardás tus favoritos, Google te dice qué día y a qué hora estabas ahí, buscando eso, volviendo a clicar con el correr de los días, casi obsesivamente, a horas en que mejor hubiese sido salir a buscarse una vida.

Al abrigo de Google hay muchos secretos, muchas historias. Historias que dejan huellas y fragmentos tuyos en las estadísticas y los contadores de visitas de muchos sitios donde nadie sabe, ni puede saber, qué ven o qué quieren ver. Historias que colecciona el cookie de la red social que, por simple virtud de existir, transforma tus deseos en commodities y sólo la providencia sabe lo que pueden hacer con eso.

Historias que nos vuelven en búsquedas de nuestro nombre como retazos de nuestro espejo. Retazos que algún Sherlock Holmes, experto en recursos humanos que cree saber mucho habiendo navegado poco y publicado nada, podría reconstruir a su antojo y dictarnos sentencia sin juicio. Espejo propio que muchos, más por mantener la salud que por miedo a avergonzarse, quisieran evitar. O simplemente cancelar todo con el botón del olvido en el historial y comprar la ilusión de que podemos empezar una vida nueva.

No leas más. Hacelo. Andá al historial de tu navegador y fijate qué historia, verdadera (lo terrible es que es verdadera), de tu vida te cuenta Google, el gran narrador.

21 de agosto de 2011

Sábato entre el arte y la veracidad del relato

Ya no recuerdo qué era lo que buscaba sobre Sábato cuando descubrí esta cita. Fue suficiente leerla una vez para olvidar qué me llevó hasta ahí y simplemente celebrar adonde llegué.

"Un argentino que pretende utilizar a Marx como maestro sostiene que el Don Segundo Sombra de Güiraldes no existe, que es apenas la visión que un estanciero tiene del antiguo gaucho de la provincia de Buenos Aires. Lo que es más o menos como acusar a Homero de falsificador porque exhaustivos registros llevados a cabo en las montañas calabresas y sicilianas no han dado con un sólo cíclope. Con este mismo criterio de naturalista habría que rechazar a Modigliani por su manía de pintar mujeres con gargantas inexistentes. Pero ¿"inexistentes" dónde? No desde luego en el espíritu del pintor. La diferencia entre Modigliani y una máquina fotográfica es que el arte no es una copia de la mera realidad externa sino un acto ontocreador, más cercano al sueño que al espejo.

Por ahí andaba todavía el modelo que empleó Güiraldes para inventar su personaje. Creo que se llamaba Segundo Ramírez. Los astutos administradores de la fama lo exhibían a los turistas extranjeros. Evité la tristeza de conocerlo, pero aún así puedo asegurar que era un mistificador, porque el auténtico Don Segundo es el mito imaginado por Güiraldes, que misteriosamente reveló un secreto de la condición pampeana. Inmortal, como todos los mitos. Que los sociólogos de la literatura y los profesores de folklore no pierdan el tiempo tratando de desautorizarlo."

¿No es genial?

Aquí agrego un esbozo de traducción que muchos encontrarán debatible. Si alguien queda muy desconforme, como siempre, pueden sumar un comentario.

"An Argentinean who intends to regard Marx as a teacher argues that the character Don Segundo Sombra by Güiraldes does not exist, for it is merely a farm owner's vision of the old gaucho in Buenos Aires province. This is more or less like accusing Homer of writing a fabrication because exhaustive registers done in the Calabrian and Sicilian mountains prove that not a single trace of a Ciclop has been found. With the same naturalist criteria, we should reject Modigliani for his obsession of painting women of non existent throats. But where are these 'non existent'? Definitely not in the spirit of the painter. The difference between Modigliani and a camera is that art is not a mere copy of external reality, but an act of creation, closer to a dream than to a mirror.

Güiraldes' model to create his character was along those lines. I think he was called Segundo Ramírez. Astute administrators of fame will exhibit him to foreign tourists. I avoided the sadness of meeting him, but even so, I can affirm he was a mystifier, because the true Don Segundo is the myth imagined y Güiraldes, who mysteriously revealed a secret of the condition of man in the Pampas. Imortal, like every myth. May the sociologists of literature and the folklore teachers not lose their time trying to invalidate him."

Amén.

31 de julio de 2011

Podcasts

Desde mi último post grabé más podcasts leyendo pequeños fragmentos de autores argentinos y extranjeros, agregando algunas traducciones disponibles en la web, escribiendo otras. Los archivos de audio estarán almacenados en un blog llamado Voice-overs.
http://voice-overs.posterous.com/

Por alguna razón, me gusta grabar de noche.

Buscar los fragmentos para grabar me remonta a una época anterior a Internet. Una especie de ritual o hábito guía la manera de mirar entre los estantes de mi biblioteca; tocar los libros de manera zigzagueante. Quedarse un ratito ahí parado para confirmar que era justamente ése el libro con la cita en cuestión. No, ese no. Surge algo de ansiedad que hay que mitigar para que el momento siga siendo placentero. Por momentos, uno desearía que se pudiera googlear dentro de un texto de papel. No puedo forzarlo: sólo puedo apelar a la memoria. Uno recuerda vagamente una cita. Sabe que era más hermosa en el original que en el recuerdo. Sabe que la marcó con lápiz y se dispone a encontrarla. Sería sumamente engorroso describir todo lo que hago para dar al fin con el párrafo. Es una lectura desordenada, guiada por instintos generados entre obstinados recuerdos visuales que ordenan qué parte de la página mirar, mientras se pasan rápidamente las hojas. La razón afirma que según la cronología del cuento o de la novela la cita está en otra parte, entonces, se interrumpe el avance y se produce una vertiginosa marcha atrás hasta el primer capítulo. El índice siempre es lo que menos ayuda en estos casos. Encontrar lo que se busca en un libro de papel tiene mucho de magia y de fortuito. Ya sentado y rendido, uno se dispone a dejar caer el libro en la mesa y éste, que estaría esperando que lo dejen hablar, se abre justo donde está la anotación en lápiz que resalta las palabras que tanto quisimos alguna vez rescatar del olvido. Final feliz.

Así fue como encontré este fragmento de La pesquisa de Saer.

Para estas tareas que uno sabe con certeza cuándo empiezan, pero nunca cuando terminan, mejor de noche.


Bookmark
Fuente: Bookmark

12 de junio de 2011

Sobre voces y renuncias

Siempre que pienso en la voz, pienso en qué clase de registro de lengua uso para escribir en un blog. Es como si la palabra se hubiera trasladado desde su sentido literal a uno nuevo que designa al medio que la contiene. Hoy me dedico a revertir esa metonimia.

La voz, mi voz, es una tecnología que uso poco. Sin embargo, me encanta leer a mis autores favoritos en voz alta. Pocas veces los leo delante de alguien que no sea un alumno. Cuando se trata de literatura, sobre todo poesía, me parece que es insoslayable la realidad de que el texto tiene música. Se puede leer en voz baja, claro. Pero, ¿Por qué renunciar a la magia de actuar y dar vida con nuestra respiración, labios y voz al poeta y su Dark Lady del soneto 18? Podríamos traducir el poema al español y nuestros labios no se moverían como los de Shakespeare. De paso, ahí tenemos un ejemplo de límite de traducibilidad.


Babel de libros

La literatura, según mi falsa y modesta intuición, no está en libros cerrados. La literatura es algo que pasa cuando leemos. Borges, en el dramático texto La trama, escribía: ¡Pero, ché! y aclaraba que esas palabras hay que oírlas, no leerlas.

Telón para este post y a otra cosa.

Toda esta digresión inicial surge en mi mente a raíz de un post y sus comentarios entre Gabriela Sellart y Diego Leal. Como parte de las consignas y desafíos de ArTic, estuvieron jugando con una herramienta que se llama Broadcastr. A diferencia de Gabriela, a mí no me tienta la palabra desafío. A mí me atrae ir a jugar con ellos ;-) Porque hay gente con la que es inevitable aprender cuando están cerca.

A jugar se ha dicho

Leí una vez en voz alta y la segunda me grabé. Hasta ahí, fácil y rápido. Igualmente, casi renuncio al ver lo lentas y burocráticas que pueden ser las cosas simples. Resulta que el editor de audio Audacity (superior, según Gabriela, al que trae Broadcastr), por cuestiones de licencia, necesita que te bajes un programa aparte para exportar el audio como un mp3. Y cuando eso está listo, Broadcastr no muestra el botón de Upload en Chrome y, por esas cosas de la vida virtual, hoy está bastante lento. Además, conviene embeber el código al final del post. Por alguna razón, altera el html del resto de lo escrito y desaparece de la vista! Creo que Broadcastr está pensado para perderse en su rico mapa de historias y mejor dejarlo ahí.

Pero no, no renuncié. Al pie de este escrito encontrarán: un poema de Borges en versión original en español (quedó un ruido al inicio, cosas de principiante, sorry). Otro con esta versión un tanto adulterada por mí en inglés.

Epílogo

Quiero seguir aprendiendo sobre el audio y la edición. Pero voy a utilizar una herramienta más ágil la próxima vez. Algo que me deje más tiempo y atención libre para el contenido. Al fin y al cabo, la tecnología que quiero aprender a utilizar es una mucho más simple y antigua: mi propia voz.



30 de marzo de 2011

La máquina del olvido

¿Aguien recuerda algún poema de memoria? ¿Cuántos saben por qué (no para qué) el sábado es feriado? ¿Cuántos números de teléfono podríamos discar (¡qué palabra antigüa!) sin la ayuda de la agenda del celular?

Los que venimos de una educación memorística, asistimos con asombro al espectáculo del olvido. Les preguntaba a mis alumnos de FCE si guardan favoritos en sus navegadores. Casi no lo hacen. Todo lo que leen en la web son lecturas momentáneas, enlaces compartidos en el MSN para ver ahí mismo, en medio de la conversación, y luego: el olvido.

Paradójicamente, la web olvida muy pocas cosas. Hasta tiene una máquina del tiempo. Si bien todo está ahí, es el ejercicio de una minoría investigadora, invasiva de la privacidad, la que puede hacer que un enlace viejo nos torture en el presente. Y es por esto que sigo hablándoles a mis alumos de la importancia de la privacidad en Internet -frase paradójica, si las hay.

Internet, en tanto que memoria colectiva, no es más que un potencial de información para memoriosos u obsesivos. Ya no debe quedar gente perseguida por tener al día el lector de RSS. El popular Facebook no facilita las búsquedas de los estados anteriores. Todo es efímero y tiende a desvanecerse en el ancho de banda.

Y aunque todo esté ahí bien archivado y accesible con unos pocos clicks, para la gran vastitud de los navegantes de la red, una fuerza poderosa deja todo descansando en paz. No es que hayamos perdido la memoria. Más bien nos tornamos descreídos del valor de la capacidad misma de recordar.

La máquina del olvido se aceita con indiferencia.




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Claudia Ceraso is a graduate teacher of English from IES Lenguas Vivas 'Juan Ramón Fernández' . She is currently studying Literary and Scientific Translation at IES Lenguas Vivas. She has studied History of Art at AAMBA. She has been teaching FCE courses at AACI -Asociación Argentina de Cultura Inglesa- since 2002. She is a Cambridge Speaking Examiner. Twitter @fceblog LinkedIn Mail: fceblog (at) gmail (dot) com My blogging projects are strictly personal and need not reflect the views of my employers.
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Claudia Ceraso

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