Rescato el último párrafo, porque es de esos que vale la pena repetir hasta tenerlo casi de memoria, para que pueda venir a nuestro rescate en momentos de incertidumbre.
"So that's my wish for you, and all of us, and my wish for myself. Make New Mistakes. Make glorious, amazing mistakes. Make mistakes nobody's ever made before. Don't freeze, don't stop, don't worry that it isn't good enough, or it isn't perfect, whatever it is: art, or love, or work or family or life.
Whatever it is you're scared of doing, Do it."
"Ese es mi deseo para ti, y todos nosotros, y mi deseo para mí mismo. Cometer errores nuevos. Cometer errores gloriosos e increíbles. Comete errores que nadie haya cometido antes. No te congeles, no te detengas, no te preocupes si no es lo suficientemente bueno o no es perfecto, sea lo que sea: arte, amor, trabajo o familia o vida.Sea lo que sea que tengas miedo de hacer, házlo."
Aprender haciendo, learning by doing. Ojalá que así sea todo el 2012 y más también.
La memoria es la corteza de la vida: epidermis de la enunciación, por lo tanto, orilla. Y como tal, limbo: transformación, principio ontológico que fractura el orden de las lindes que la conforman; comunión de opuestos y amalgama de contradicciones que se consumen en un instante, dejando tras de sí una estela plurisémica sin bordes ni gravidez.
"Cuando uno experimenta algo, el recuerdo es inestable durante algunas horas, hasta que se fija por la síntesis de proteínas que estabilizan las conexiones sinápticas entre neuronas. La próxima vez que el estímulo recorra esas vías cerebrales, la estabilización de las conexiones permitirá que la memoria se active. Cuando uno tiene un recuerdo almacenado en su cerebro y se expone a un estímulo que se relaciona con aquel evento, va a reactivar el recuerdo y a volverlo inestable nuevamente por un período corto de tiempo, para volver a guardarlo luego y fijarlo nuevamente, en un proceso llamado "reconsolidación de la memoria". La evidencia científica indica que cada vez que recuperamos la memoria de un hecho, ésta se hace inestable permitiendo la incorporación de nueva información. Cuando almacenamos nuevamente esta memoria como una nueva memoria, contiene información adicional al evento original. En otras palabras, muchas veces aquello que nosotros recordamos no es el acontecimiento tal como se ha manifestado en la realidad, sino la forma en que fue recordado la última vez que lo trajimos a la memoria."
Fascinante.
Esta cita me deja pensando en todos esos momentos en que le pedimos a los alumnos que recuerden lecciones anteriores, en la oportunidad única de ser parte y, al mismo tiempo, escultor de esos recuerdos.
Seguramente faltan muchos años para que la neuropedagogía sea una ciencia con respuestas concretas para las preguntas que los docentes tenemos sobre cómo aprende un ser humano. Mientras tanto -al igual que la memoria- nos manejamos en la orilla de ese conocimiento, con nociones escurridizas, poco entendibles o casi mágicas por lo inobservables.
Por lo demás, preferimos argumentos endebles a nuestras experiencias de aula. Yo tengo la ilusión de ver algún día un cambio de paradigma provocado por las neurociencias. Un cambio tan significativo como la aparición de la web social. Ese día vendría a señalar el fin, ya no de los pseudo-expertos, sino de los maestros que sólo siguen su librito.
"...la idea de que alguien pudiese tener en su casa, al abrigo del mundo, algo escondido -un diario o lo que fuese- le pareció extraña, casi imposible..."
Si leyéramos nuestro historial de búsquedas en Google y lo viéramos como una historia, como un diario que escribimos de a poco y sin darnos cuenta, ¿cuál es la propia historia que nos revela Google, el gran narrador?
Si decidiéramos marcar los hitos de nuestra vida en una línea temporal, seguramente elegiríamos momentos de acción y no de escritura. Pero cuánto hay de nosotros, de nuestra realidad, oculto en el historial de lo que devoramos leyendo a diario.
¿Qué querríamos borrar? ¿Cuántas horas nos gustaría recuperar para vivir de otra manera?
Si, como decía Lennon, la vida es aquello que sucede mientras estamos haciendo planes, ¿cuál es tu vida mientras buscás en Google? Tus deseos, tus ganas de aprender y cambiar cosas están ahí. El perfil de esa persona en Facebook o Twitter, el artículo que tenía un título gancho que lo hacía insoslayable, la foto prohibida.
Más completo que cualquier nube de etiquetas hecha con la herramienta donde guardás tus favoritos, Google te dice qué día y a qué hora estabas ahí, buscando eso, volviendo a clicar con el correr de los días, casi obsesivamente, a horas en que mejor hubiese sido salir a buscarse una vida.
Al abrigo de Google hay muchos secretos, muchas historias. Historias que dejan huellas y fragmentos tuyos en las estadísticas y los contadores de visitas de muchos sitios donde nadie sabe, ni puede saber, qué ven o qué quieren ver. Historias que colecciona el cookie de la red social que, por simple virtud de existir, transforma tus deseos en commodities y sólo la providencia sabe lo que pueden hacer con eso.
Historias que nos vuelven en búsquedas de nuestro nombre como retazos de nuestro espejo. Retazos que algún Sherlock Holmes, experto en recursos humanos que cree saber mucho habiendo navegado poco y publicado nada, podría reconstruir a su antojo y dictarnos sentencia sin juicio. Espejo propio que muchos, más por mantener la salud que por miedo a avergonzarse, quisieran evitar. O simplemente cancelar todo con el botón del olvido en el historial y comprar la ilusión de que podemos empezar una vida nueva.
No leas más. Hacelo. Andá al historial de tu navegador y fijate qué historia, verdadera (lo terrible es que es verdadera), de tu vida te cuenta Google, el gran narrador.
Ya no recuerdo qué era lo que buscaba sobre Sábato cuando descubrí esta cita. Fue suficiente leerla una vez para olvidar qué me llevó hasta ahí y simplemente celebrar adonde llegué.
"Un argentino que pretende utilizar a Marx como maestro sostiene que el Don Segundo Sombra de Güiraldes no existe, que es apenas la visión que un estanciero tiene del antiguo gaucho de la provincia de Buenos Aires. Lo que es más o menos como acusar a Homero de falsificador porque exhaustivos registros llevados a cabo en las montañas calabresas y sicilianas no han dado con un sólo cíclope. Con este mismo criterio de naturalista habría que rechazar a Modigliani por su manía de pintar mujeres con gargantas inexistentes. Pero ¿"inexistentes" dónde? No desde luego en el espíritu del pintor. La diferencia entre Modigliani y una máquina fotográfica es que el arte no es una copia de la mera realidad externa sino un acto ontocreador, más cercano al sueño que al espejo.
Por ahí andaba todavía el modelo que empleó Güiraldes para inventar su personaje. Creo que se llamaba Segundo Ramírez. Los astutos administradores de la fama lo exhibían a los turistas extranjeros. Evité la tristeza de conocerlo, pero aún así puedo asegurar que era un mistificador, porque el auténtico Don Segundo es el mito imaginado por Güiraldes, que misteriosamente reveló un secreto de la condición pampeana. Inmortal, como todos los mitos. Que los sociólogos de la literatura y los profesores de folklore no pierdan el tiempo tratando de desautorizarlo."
¿No es genial?
Aquí agrego un esbozo de traducción que muchos encontrarán debatible. Si alguien queda muy desconforme, como siempre, pueden sumar un comentario.
"An Argentinean who intends to regard Marx as a teacher argues that the character Don Segundo Sombra by Güiraldes does not exist, for it is merely a farm owner's vision of the old gaucho in Buenos Aires province. This is more or less like accusing Homer of writing a fabrication because exhaustive registers done in the Calabrian and Sicilian mountains prove that not a single trace of a Ciclop has been found. With the same naturalist criteria, we should reject Modigliani for his obsession of painting women of non existent throats. But where are these 'non existent'? Definitely not in the spirit of the painter. The difference between Modigliani and a camera is that art is not a mere copy of external reality, but an act of creation, closer to a dream than to a mirror.
Güiraldes' model to create his character was along those lines. I think he was called Segundo Ramírez. Astute administrators of fame will exhibit him to foreign tourists. I avoided the sadness of meeting him, but even so, I can affirm he was a mystifier, because the true Don Segundo is the myth imagined y Güiraldes, who mysteriously revealed a secret of the condition of man in the Pampas. Imortal, like every myth. May the sociologists of literature and the folklore teachers not lose their time trying to invalidate him."
Claudia Ceraso is a graduate teacher of English from IES Lenguas Vivas 'Juan Ramón Fernández'. She is currently studying Literary and Scientific Translation at IES Lenguas Vivas and a postgraduate course Licenciatura en Enseñanza de Idioma Inglés at CAECE University. She has been teaching FCE courses at AACI -Asociación Argentina de Cultura Inglesa- since 2002.
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