Latín "aquello que debe sumarse". Pensamientos en beta perpetua.

24 de octubre de 2024

Yo no sé si escribir, pero está la lluvia

 


"... siempre el amor me llega con la lluvia."

Julia Prilutzki Farni

(1912-2002)


Es un clásico en la recurrencia de mis devaneos literarios: las ganas de escribir suelen emerger en los días de lluvia. Tal vez, la imperiosa carga de salir con paraguas, piloto, sandalias en vez de las botas de goma olvidadas a causa de la prisa, para volver a entrar a casa con los pies que traen el charco de la esquina anegada, inextricable, ineludible. Entonces, sacudir el paraguas, colgarlo en el lavadero, comer con hambre voraz algún almuerzo atrasado, para sorprenderse con el hallazgo de un insondable deseo de escribir.

A veces, yo no sé si escribir. Pero al deseo no le gustan las preguntas. Es casi un acto reflejo eso de buscar la hoja virtual en blanco y dejar que, al fin, suceda.

Hay un misterio críptico en el fluir de la escritura. Mi lenguaje da un brinco. Algo así como cuando uno se encuentra con una autoridad y automáticamente habla de usted. Pero, antes, no mucho antes, segundos previos, la mente conversaba afablemente consigo misma en otro idiolecto, tan propio y característico que uno ya cree que es indisoluble del nombre y apellido que a uno le tocó en suerte. Pero, el usted funciona como un trampolín a una circunvolución distinta de nuestra área de Broca. Y esa conjugación poco usada brota así, igual de familiar que las declinaciones diarias. Vuelve al recuerdo  esa manera de hablar sin que medie esfuerzo alguno, como vuelven las canciones patrias o la nostalgia de las horas de la siesta de mamá en medio de la casa grande,  embriagada de silencio. 

Un salto parecido y análogo -seguramente la ciencia explicará esta diafásica algún día- ocurre entre el fluir saltimbanqui de esa voz interna de pobre sintaxis que me persigue desde que me despierto, siempre con alguna oración in medias res, hasta que irrumpe el imperioso deseo de escribir. Entonces, ¡voilà! Ahí está de nuevo, esa otra voz de concatenación prolija, dicción pausada, que mecanografía y se revela de a poco, como una foto antigua sumergida en una cubeta en medio de un cuarto oscuro, y que solo así comienza a mostrar sus renovados colores, perfumes y silencios. 

El silencio es condición necesaria para escribir. Tal vez así escucho y transcribo lo que esa voz me dicta con acento suave entre presumido y pavoroso. Aunque no lo crean, no tengo mucho control de esa voz. No puedo decirle: ¿por qué no escribís sobre eso que convendría contar o  eso que otros quieren leer? No, no funciona así. Es una voz caprichosa, como la de un niño que estuvo encerrado mucho tiempo, esperando que se hiciera la hora en que la casa retoma la vida después de la apesadumbrada siesta y nos disponemos a continuar, como si nunca hubiera existido el hiato, en medio del bullicio de las tazas y de la tele a la hora del té. 

Entonces sí, rápido, a escribir. Vienen a borbotones palabras que mis amigos nunca me escucharon pronunciar, a entremezclarse con lo que quiero, o quiere esa voz atolondrada, decir. Si me apuran, les diré que es como una voz de sueño: junta retazos de vida remotos, fragmentos escritos hace tiempo en este blog, con las últimas páginas de la novela que leí ayer para plasmarlo todo junto, sin explicarme cómo. Intuyo que ese escribir tiene una función de limpieza cognoscitiva. Un barrido necesario, sobre todo, cuando nos gusta mucho leer a un autor y sentimos que nos tiñe la imaginación. Hay una necesidad de sacarse estructuras ajenas de encima para volver al equilibrio sereno de la propia y auténtica voz, con la esperanza de que, una vez templada la experiencia, poder recién ahí componer una identidad

Yo no sé si escribir es algo que deseo o me desea. De todos modos, diré que es una acción lenta, meditativa -aunque no siempre meditada- y bastante espontánea. Me deja un sabor a paz, a esencia vital hilvanada desde tiempos inmemorables, a restauración de algo perdido y, para mi suerte, casualmente hallado. Como si todo lo vivido se condensara en una sucesión de palabras que sí, que tienen que expresarse exactamente así, para que yo pueda volver a la rutina diaria con la certeza de que nos volveremos a encontrar, mi propia voz y yo, entre esas comas que nos impone la normativa de la vida y algún que otro punto aparte.


31 de mayo de 2024

Palabras en fuga: inteligencia artificial

 

El concepto mismo de inteligencia artificial se construye y deconstruye a medida que las máquinas emulan cada vez mejor a los humanos.

Leemos en la RAELeemos en la RAE:



Disponible desde el año 2015, la definición no guarda ningún peligro de reemplazo de un humano. Nadie piensa en la posibilidad de perder un puesto de trabajo ante semejante Una inteligencia que se compara con la humana. No más que eso.

Pero.

Es disruptiva.

En noviembre de 2023, encontramos esbozos de definiciones un poco más osadas que la de la RAE, como por ejemplo aquí aquí (en inglés):

"...definimos esta tecnología como la habilidad que poseen las máquinas para pensar, analizar, aprender, decidir de manera racional y análoga a como lo hacen los seres humanos."

La diferencia con la definición de la RAE es sutil y, a la vez, notoria: ya no es una tecnología que se compara a un humano, sino que hace lo mismo que hace un humano.

A eso vamos.

Esta semana de mayo de 2024, leí este artículo este artículo en el diario. Responde Eduardo Levy Yetati: 

–¿Qué análisis hacen del avance de la inteligencia artificial?

 

–La primera novedad de esta nueva inteligencia artificial es que ahora sí, como dice su nombre, reemplaza a la inteligencia humana. Hace cinco o 10 años las proyecciones eran que los trabajadores de calificación media o los trabajadores rutinarios perdían con relación a los trabajadores más calificados, y la conclusión era que había que estudiar más. Esta inteligencia artificial reemplaza el conocimiento, y entonces replantea completamente lo que entendemos por educación y por el trabajo a futuro, porque en algún momento va a reemplazar al ingeniero, al programador. Lo que nosotros pensábamos que eran las carreras del futuro hace 20 años, son las carreras del presente. Ese es el primer cambio importante y tiene varias connotaciones.


Leo eso otra vez. 

Entonces... la inteligencia artificial viene a ocupar el lugar de nuestro hijo adolescente que ya dejó atrás la etapa de admirarnos para empezar a desafiarnos. Ante las posibilidades de la inteligencia artificial nos volvimos lentos, viejos e incapacitados para emular su vertiginosa producción: un estado de perpetua fuga. Los chicos crecen y nos toca replantearnos qué haremos con ellos, con nosotros mismos o, tal vez, qué valdrá la pena hacer en el futuro.


29 de abril de 2024

Tiempo al tiempo

 

"...and all in war with Time for love of you

As he takes from you, I engraft you new."

William Shakespeare, soneto 15.


Todo lleva tiempo. Hasta entender qué hacemos con el tiempo mismo nos consume horas. Hemos reemplazado horas de lectura de ficción por libros que nos ayudan a dominar el tiempo. Lecturas fragmentarias que se meten en los intersticios del día de trabajo para dejarnos consejos que, valga la redundancia, llevarán tiempo poner en práctica.

Lo interesante es que no nos preguntamos por las ideas -más o menos- filosóficas en las que se engarzan esos consejos. Sabemos poco, o casi nada, acerca de los autores de los libros. De hecho, se vuelven famosos por el número de ventas y reediciones. A veces, sí llegamos a conocer algún episodio más o menos significativo en sus vidas. Desde una simple conversación reveladora hasta la traumática irrupción de alguna enfermedad con valor de epifanía. Todo se desencadena por algo. Todos esos hallazgos sobre el tiempo tuvieron su big bang.

En mi caso, durante años perseguí las cosas que quería hacer. Tuve la fortuna de encontrar momentos en los cuales lo que debía, quería y convenía hacer comulgaron casi sin mi ayuda. Hubo años de eso que algunos llaman flow. Si no es la felicidad, yo diría que se le parece mucho.

Pero el tiempo, o quizás la acumulación de cosas, mi propio addendus como lo expresé en el preámbulo de este blog, me llevó a toparme con los límites y vivenciar la tiranía del tiempo. Sumemos otro factor: un espíritu reacio a cambiar de gustos, más bien a ampliar el abanico de intereses. Entonces: el inevitable choque: no se puede hacer todo. O no todo el tiempo. O bien, bueno, así empezó mi búsqueda de lecturas sobre cómo alterar mi dieta de tiempo.

Hoy me siento un poco embarcada en una quimera. ¿Se podrá volver a esa sensación de equilibrio perdida? Si renunciar a encontrarla no es opción para mí, ¿Cuánto tiempo me llevará buscarla? Si el tiempo fuera una vid, yo me la paso podando sarmientos, esperanzada con que vuelvan a dar fruto.

31 de enero de 2024

Selecciones

Cuando era chica, me fascinaba la colección de revista de Selecciones de Reader's Digest. Una de mis tías tenía un armario con años y años de esas diminutas revistas. Se las prestaba a mi mamá y yo me apoltronaba a la hora de la siesta a leer y explorar una variedad de temas. Así descubría autores o temas que me interesaban.

Años más tarde, recuerdo ese ejercicio de descubrimiento en las bibliotecas. En especial, la Biblioteca del Centro Lincoln que estaba en la calle Florida era uno de mis reductos favoritos. El ambiente era ideal. Recorrer los estantes y descubrir obras. O tomar el libro que otro había dejado en la mesa donde exploraba mis opciones. 

La idea de cierre de una biblioteca me da tremenda tristeza. Pero, lo cierto es que ya no voy a bibliotecas. Contradicciones.

Esos antiguos descubrimientos cambiaron de escenario. Mi refugio favorito para descubrir lecturas es la librería del Ateneo Gran Splendid. Quizás, una de las más lindas del mundo. Allí hay mesas ratonas y sillones donde otros lectores dejan sus selecciones. Siempre alguna me tienta a curiosear. Jamás terminé comprando uno de esos libros, pero la mente juega con ellos.

Sin dudas, la mayor parte de mis lecturas hoy proviene de internet. Mi disco rígido está plagado de pdfs que no siempre llego a leer. Hay una voracidad en la adquisición de esas lecturas que contrasta con las horas de la siesta con el Reader's Digest. Hoy tenemos el acceso al mundo en la yema de los dedos. Las posibilidades de elección son casi infinitas. Esa adrenalina de acceder a todo tiene mucho de adictivo. 

Se plasma en la conciencia la imposibilidad de leerlo todo, la necesidad de tomar decisiones sobre qué leer y hasta dónde. El arte de diseñar nuestra edición de selecciones.


11 de marzo de 2021

Cuesta arriba

 Tengo la costumbre o manía de leer de una manera, digamos que muy particular, consistente en traducir a mi lengua materna aquellos poemas que me interesan.

Pedro Pérez Pietro


Primero fue el caso de Marieke Lucas Rijnevel, laureada escritora y poeta, cuestionada en las redes sociales por aceptar el encargo de traducir el poema The Hill We Climb, leído por Amanda Gorman en la investidura del presidente estadounidense Joe Biden. 

Se suma el rechazo a la traducción, consumada y entregada a la editorial, en versión de Víctor Obiols, de amplia trayectoria como traductor y también músico.

Se esgrimen como argumentos deslegitimadores cuestiones de género y de color de piel. Subyacen razones más profundas y elusivas a la articulación para comprender el origen del veto al traductor. Pareciera que aquellas condiciones con las que venimos al mundo, incluyendo el biotipo cutáneo, fueran más valiosas que todo aquello que la humanidad se ha esforzado por aprender, crecer y superarse. Asistimos a la coronación del valor de la experiencia pura y dura por sobre las conquistas del lóbulo frontal: capacidad de empatía, de imaginación, de poder vivir una y mil vidas alternativas a través de la lectura. 

Dibuja mejor quien sabe mirar mejor. Traduce mejor quien sabe leer mejor. No hay sobreestimación de nuestras cualidades innatas, que bien podemos aportar al trabajo, que logren dar por tierra esas verdades sobre del arte de traducir. Digamos arte, sí, porque combinar lectura con escritura no es cosa sencilla y, dicho sea de paso, porque también es cierto: la laurea no garantiza.

Así las cosas, el mundo editorial está atravesado por una lucha por la supervivencia en épocas turbulentas. Un masivo rechazo mediático a un traductor puede ser un mal augurio para la comercialización de libros. En efecto, las presiones nos han privado de disfrutar de traducciones singulares, lecturas únicas que quedarán en la privacidad de esos profesionales que debieron abandonar la colina mientras ascendían. 

Amanda Gorman, que estudió español y se deslumbró con Lorca, esboza en una lengua que no es suya por ius sanguinis, unas líneas poéticas muy reveladoras:

Si la poesía es hacer de la mirada un mundo,

ser poeta es hacer belleza de la herida.

Habrá entonces, traducciones heridas que guardarán toda su singularidad en un cajón hasta tanto los derechos de autor, o la fuerza de su arte les permitan ver la luz y las disfrutemos, perpetuándolas.

Mientras tanto, la fuerza de las palabras de Amanda se abrirán camino en versiones vernáculas


31 de agosto de 2020

 Ante las crisis, vemos claramente qué cosas son permanentes y cuáles son efímeras, prestadas, vehículos del porvenir.

Lo permanente puede anidar en algo incorpóreo como una habilidad blanda que presta suelo para fertilizar nuevas cosechas de nuestro futuro.

Verdad, inspiración, vehículo. Todos danzamos en esa pista. Hay verdades que se esbozan como cuadros en los que luego descubrimos -ayudados por rayos-X- el pentimento. Pero dejan huella. Al paso del tiempo, nadie culpa a los padres por la mentira blanca de los reyes magos y sí estamos dispuestos a agradecerlo, quizá emularlo. El arte es una caminata sobre una cuerda floja que bien puede tener una red de verosimilitud debajo o tal vez, simplemente un abismo sin sentido. Pero transitarla, aún a costa de errores insalvables, es lo que definitivamente nos humaniza y da sentido.

Este mes nos dejó un educador, una voz inspiradora como pocas, que supo caminar la cuerda floja de la comunicación para animarnos a repensar la creatividad. Sir Ken Robinson será recordado sin duda por sus charlas TED y su notable influencia en el pensamiento de todos los que nos dedicamos a la educación.

Mucho queda por preguntarse sobre sus charlas. ¿Será verdad que la escuela mata la creatividad? Después de todo, Sir Ken Robinson transitó esa escuela y se dedicó a ser un académico. Años después de su charla se oyen voces que someten las afirmaciones y anécdotas de esa famosa charla TED al rigor científico de la evidencia. ¿Qué es la creatividad? ¿De qué depende? Pero la magia del relato bascula el genio hacia la superioridad de la magia con la que Sir Ken nos conduce con sus palabras.

Sir Ken Robinson: «Las escuelas matan la creatividad»

Hoy, ante la triste noticia de su desaparición física, nos preguntamos, qué nos deja Sir Ken. ¿Qué es eso que no vamos a olvidar? El poder que se cifra en la motivación, en la capacidad de inspirar, de poner en marcha la calesita de pensamientos en los oyentes. 

Sir Ken nos hizo crear.

Un legado fundamental, unánime e insoslayable.

Gracias, maestro-mago.


Fuente:

Imagen y transcripción en español de la charla TED en el blog de Vida Positiva.

31 de mayo de 2020

Ensayo para recordar


Me encuentro leyendo sobre el fascinante recorrido de nuestra memoria hacia el pasado que, ya inasible, tornamos en ficción ayudados por mecanismos que la ciencia apenas vislumbra. Aquí una cita de un neurocientífico que explora el misterio de recordar:

"A diferencia de lo que muchas veces se piensa, la memoria no es un fiel reflejo de aquello que pasó sino más bien un acto creativo, uno de los más creativos en el funcionamiento de nuestras mentes. Cada recuerdo se reconstruye de nuevo cada vez que se lo evoca. Aquello que recordamos –una imagen de un paisaje, una frase de nuestro abuelo, un aroma de nuestra adolescencia- está influido por el contexto que rodea esa acción de recupero."

Subrayo: un "acto creativo". Resulta que todos somos escritores de nuestro propio pasado. El foco del recuerdo, entonces, no debería ser el pasado. Sería más interesante detenerse a narrar cómo llegamos hasta allí. De ese modo, llegaríamos a escribir ensayos en vez de narraciones.

31 de enero de 2019

Recortes: Educación polémica


"La educación no debería ser un escenario de batallas para posturas contrapuestas o excluyentes. Debería ser simplemente lo que es: un derecho y una obligación de todos, y una exigencia al Estado o a las instituciones privadas que hayan sido autorizadas por el Estado a ejercer la práctica educativa." 

Fuente: El Cronista, noviembre de 2018.

10 de marzo de 2016

Citas citables: Erri de Lucano

Erri de Luca es un escritor italiano, napolitano vale aclarar. Tiene un pasado como metalúrgico y militante político. A los 40 años devino en escritor. El artículo salió hoy en La nación. Tiene dos citas citables que quiero conservar. Una sobre la memoria, la otra sobre el oficio del escritor. Además, un comentario sobre su manera de leer.

Sobre la memoria:

"No soy el propietario de mi memoria, no puedo elegir los recuerdos. Cuando aparece uno, me gusta tanto que lo escribo para hacerlo durar más. No soy un autor que inventa tramas y personajes; soy un redactor de historias vividas, ya ocurridas y referidas a un yo narrador que está involucrado en el asunto y que lo ve desde su módico punto de vista. Soy un tipo que va detrás de la vida ya cumplida a recoger los frutos después de la siega."

Ante la pregunta,
"En los tiempos en que trabajaba como obrero, ¿lograba disponer de tiempo y de un estado de ánimo adecuado para escribir poesía o narrativa?"

El escritor responde,

"Sí. La escritura era mi tiempo "salvado" en la jornada vendida a cambio de trabajo. Era mi resistencia a la usura de las fuerzas. Era un orgulloso empecinamiento y mi felicidad. La escritura me permitió ser un buen obrero, riguroso y constante, que se reactivaba gracias a un poderoso divertimento. Era una pequeña fracción del día; bastaba media hora y me sentía justificado. Así se entiende que la escritura me haya proporcionado la mejor compañía y haya podido sustituir todas las carencias. De ahí que no puedo usar el verbo 'trabajar' aplicado a la escritura que yo practico. Es el perfecto opuesto del trabajo."

Es muy interesante el concepto de disociación de roles a la hora de leer y de escribir. Lleva a la reflexión y ahondar un poco más sobre qué es lo estamos haciendo al encarnar esos roles.

"Como escritor, ignoro la parte de mi mismo que lee libros. Leo las historias como lector y no como colega del autor. Cuando leo me disocio completamente de mi parte de escritor, asi como me disocio del yo lector cuando escribo."

Siempre un placer hacer contacto con la lucidez y capacidad de síntesis de la mente de los grandes escritores. Todos estos comentarios fueron respuestas a una serie de preguntas en una entrevista telefónica.

Memoria, lectura y escritura siempre rondando como etiquetas de toda fuente de inspiración, de toda nube de creatividad. Ingredientes simples para una variedad de formas y sabores como lo son la harina, el agua y la sal para producir el pan. Valga la comparación para todos aquellos que creemos que los libros son un alimento esencial, simple y puro.

29 de febrero de 2016

Citas Citables: Piglia

Pensando enformas de leer o de escribir en blogs, siempre surge la paradoja de escribir para muchos, para unos pocos lectores o para uno mismo que puede cambiar de perspectiva en relecturas sucesivas. Una cuerda tensada entre cómo nos gusta leer y cómo nos gustaría que nos lean.

La cita es de Piglia, palabras en Crítica y ficción. Sobre la lectura "profesional".

"El trabajo del lector para armar una colección es un tipo de lectura interesante comparada con otras formas de leer, por ejemplo, la forma de leer que podemos tener en un seminario, las lecturas obligatorias que uno tiene que hacer de los textos, porque es una lectura obligatoria profesional, rara, mientras en ese caso había un juicio de gusto y también un juicio de género, digamos, cómo funciona este libro, no sólo para mí, sino para un lector del género."

Seguramente hay infinitas formas de leer. La que más me intriga ahora es la relectura de un borrador de una entrada en un blog. Ser el editor de uno mismo es una cosa rara. En esa relectura se juega la propia voz o el propio silencio. Siempre hay una mezcla desigual de un poco de pudor, de permiso o de arrogancia al publicar las propias palabras.

31 de enero de 2016

Lecturas fragmentarias

Leyendo esta nota sobre la lectura lenta pensaba cuánto han cambiado mis hábitos de lectura. Leo, de todo, todo el tiempo, pero casi siempre en una pantalla. Pantalla cada vez más chiquita. En estos últimos años pasé de la PC a la netbook y, por estos días, leo en el celular. Este post lo estoy escribiendo en mi celular con la ayuda de un teclado bluetooth.

Cuánto hace que no leo una novela, un clásico edición pocket de tapa blanda. Esos libros que se llevan, o se llevaban, a todos lados. La nota cuenta que los británicos ya no leen tantos clásicos y que se lamentan porque no han leido La guerra y la paz. Yo tampoco la leí aún. Yo también lo lamento.

Lecturas fragmentarias en medio de un día de multitasking. Al día siguiente, igual.

Confieso que me cuesta leer libros por fuera de las lecturas obligatorias que hago para el traductorado de inglés. Leer novelas por puro placer. Tener el tiempo. O, lo que es más importante, el espacio mental tranquilo para ocuparlo a intervalos regulares con las ficciones de otras vidas que puedan enriquecer la propia.

Antes, era natural. Ahora, hay que proponérselo. Y eso solo no basta. Hay que reentrenar la capacidad de ausentarse de todo, de un todo cada vez más complejo y elusivo a toda articulación y, entonces sí, poder perderse en un libro.

24 de agosto de 2012

Initium

Variaciones sobre un mismo tema fotográfico: Un initium.

Este año llegué a una meseta con mi experimento de fotógrafa autodidacta. Quizá fue un proceso natural. Creo que los aprendizajes tienen muchos baches y eslabones perdidos de los cuáles comprendemos muy poco y, por decir algo, solemos llamarlos pérdida de tiempo. Y lo llamamos así, creo, por pura ansiedad de productividad proyectada a cada bache. Pura necesidad de ilusión de aprendizaje que alimenta la cultura de la producción por encima de la cultura de la creatividad. Basten para ejemplo, los cursos donde se enseña el examen y no el idioma. Claro que eso es tema para otro posteo. Yo estoy aprendiendo sin programa de estudios, a pura pasión por aprender, y estoy libre de hacer evaluaciones sobre la base de aprobado o no.

De vez en cuando, me detengo a mirar qué pasa con mi aprendizaje. Yo quiero rever un poco lo que estoy haciendo en fotografía. Esta reflexión es una especie de instantánea, también.

Les cuento. Todos los días, a diferentes horas, saco la misma foto desde mi balcón. Al variar la hora sin distraerme en lo fascinante que es componer algo nuevo, me veo obligada a pensar sólo en la luz y cómo retratarla. Y esto, es lo que me parece innovador en la monotonía de mi foto diaria. Ir a la esencia: fotografiar algo tan simple como la luz.

¿Resultados del experimento? Frustración. Y mucha. Son contadas las veces que en días nublados logro reflejar en la foto los colores que veo en la realidad. El ISO, el número f, el zoom que uso para enfocar sólo las grúas del puerto de Buenos Aires sumados a la infinidad de variantes que dan la luz componen un tetramorfo de combinaciones y consecuencias impredecibles.

¿Y cómo sigue esto? Tendré que aceptar que no tengo el control del resultado. La foto no es la que veo, sino la que sale. Ese es el único punto de partida real para aprender que hoy tengo en mis manos. Lejos de sentir que llegué a un apocalipsis en mi fotografía, me siento en una etapa que quiero llamar Initium*. Es sin duda un inicio, un reinventarse en la monotonía, ir a lo simple y después, algún día, les contaré qué pasa.

Aquí algunas muestras:



 *Initium. Mientras escribía este posteo, me vino a la mente una foto de un folio del libro iluminado de Durrow (fol.86r , el inicio del evangelio de San Marcos, que no es el primero en contar la historia) quizá el más antiguo de los libros. O por lo menos de una edad Media y un tanto oscura, pero iluminada en libros. Ya sé, estoy estirando mucho la metáfora. Pero yo veo una conexión entre el foco en la luz y, desde allí, escribir de nuevo la misma historia.

  

17 de junio de 2012

Horizontes

Otro aniversario de la partida de Borges. Otra excusa para releerlo. En esa estaba hoy cuando releí esta página de sus Textos recobrados*:

"Más expresiva que la metáfora o que el vocabulario es la entonación de los versos, la justa adecuación de la frase rítmica a la pasión del tema. En una o dos estrofas de 'Límites' o de 'El tango' creo haberla encontrado. Buenos Aires, 19 de setiembre de 1958."

La voz es una tecnología que uso poco. Experimente -más bien jugué-con lecturas de algunos de mis pasajes favoritos de la literatura. Ahora viene el momento de preguntarse: ¿Cuándo elegir transmitir el mensaje en voz alta y no en palabras en un blog? ¿Cuál sería el criterio de elección?

Borges no necesita de mi lectura en voz alta. Es más, podría pensarse que, en ese caso, Borges tendría que llegar a un lector a esar de la prisión que mi voz le sentencie en una lectura. ¿Pero de qué se trata la lectura? Yo creo que se trata de una literatura viva, de una lengua viva, que sólo puede llamarse así a condición de que exista un lector. Borges no vive en ningún libro cerrado. De eso estoy segura.

Por eso, mis queridos lectores -si es que queda aún alguien libre de la ansiedad de leer sólo publicaciones asiduas- me permito compartir mi lectura en voz alta de esas palabras de Borges que releí hoy. Sería este el único esfuerzo que puedo hacer por acercarme a la música, por sortear el escollo de no saber tocar ningún instrumento aún.



*Jorge Luis Borges. Textos recobrados (1956-1986). Emecé. 2007. Límites, página 48. 

15 de febrero de 2012

El Flaco

Y debe ser verdad que los poetas no mueren. Por eso a Tito o a Pedro -igual que a tantos otros que no escriben- les suceden cosas así o así.

Los poetas no mueren. Anidan en otro corazón y, desde allí, remontan vuelo otra vez.

Me quedo con los últimos versos que el Flaco Luis Alberto Spinetta le dedicó a Cerati:

"Y suena tu música en la pantalla
Sos el ángel inquieto que sobrevuela
la ciudad de la furia
Comprendemos todo
tu voz nos advierte la verdad
Tu voz más linda que nunca."

Sí.

31 de diciembre de 2011

Un año para sorprenderse, pero de uno mismo

Neil Gaiman lo dice estupendamente en inglés. Martín Casanova lo reproduce en español en su blog, una versión escrita por Hernán Cabrera.

Rescato el último párrafo, porque es de esos que vale la pena repetir hasta tenerlo casi de memoria, para que pueda venir a nuestro rescate en momentos de incertidumbre.

"So that's my wish for you, and all of us, and my wish for myself. Make New Mistakes. Make glorious, amazing mistakes. Make mistakes nobody's ever made before. Don't freeze, don't stop, don't worry that it isn't good enough, or it isn't perfect, whatever it is: art, or love, or work or family or life.

Whatever it is you're scared of doing, Do it."


"Ese es mi deseo para ti, y todos nosotros, y mi deseo para mí mismo. Cometer errores nuevos. Cometer errores gloriosos e increíbles. Comete errores que nadie haya cometido antes. No te congeles, no te detengas, no te preocupes si no es lo suficientemente bueno o no es perfecto, sea lo que sea: arte, amor, trabajo o familia o vida.

Sea lo que sea que tengas miedo de hacer, házlo."


Aprender haciendo, learning by doing. Ojalá que así sea todo el 2012 y más también.



29 de octubre de 2011

La memoria

La memoria es la corteza de la vida: epidermis de la enunciación, por lo tanto, orilla. Y como tal, limbo: transformación, principio ontológico que fractura el orden de las lindes que la conforman; comunión de opuestos y amalgama de contradicciones que se consumen en un instante, dejando tras de sí una estela plurisémica sin bordes ni gravidez.

Y si la memoria sufre parciales borraduras, ahí esta la ficción para reconstruirla.
Reseña sobre Lo imborrable, novela de Juan José Saer.



Desde la ficción o el sueño de esta mañana que tratamos de recordar, desde la enseñanza y la ciencia, la memoria es tema complejo.

Facundo Manes (@manesf) en su artículo Internet no debilita la memoria, hace referencia a una cualidad inestable de nuestros recuerdos:

"Cuando uno experimenta algo, el recuerdo es inestable durante algunas horas, hasta que se fija por la síntesis de proteínas que estabilizan las conexiones sinápticas entre neuronas. La próxima vez que el estímulo recorra esas vías cerebrales, la estabilización de las conexiones permitirá que la memoria se active. Cuando uno tiene un recuerdo almacenado en su cerebro y se expone a un estímulo que se relaciona con aquel evento, va a reactivar el recuerdo y a volverlo inestable nuevamente por un período corto de tiempo, para volver a guardarlo luego y fijarlo nuevamente, en un proceso llamado "reconsolidación de la memoria". La evidencia científica indica que cada vez que recuperamos la memoria de un hecho, ésta se hace inestable permitiendo la incorporación de nueva información. Cuando almacenamos nuevamente esta memoria como una nueva memoria, contiene información adicional al evento original. En otras palabras, muchas veces aquello que nosotros recordamos no es el acontecimiento tal como se ha manifestado en la realidad, sino la forma en que fue recordado la última vez que lo trajimos a la memoria."

Fascinante.

Esta cita me deja pensando en todos esos momentos en que le pedimos a los alumnos que recuerden lecciones anteriores, en la oportunidad única de ser parte y, al mismo tiempo, escultor de esos recuerdos.

Seguramente faltan muchos años para que la neuropedagogía sea una ciencia con respuestas concretas para las preguntas que los docentes tenemos sobre cómo aprende un ser humano. Mientras tanto -al igual que la memoria- nos manejamos en la orilla de ese conocimiento, con nociones escurridizas, poco entendibles o casi mágicas por lo inobservables.

Por lo demás, preferimos argumentos endebles a nuestras experiencias de aula. Yo tengo la ilusión de ver algún día un cambio de paradigma provocado por las neurociencias. Un cambio tan significativo como la aparición de la web social. Ese día vendría a señalar el fin, ya no de los pseudo-expertos, sino de los maestros que sólo siguen su librito.


27 de septiembre de 2011

Al abrigo de Google

"...la idea de que alguien pudiese tener en su casa, al abrigo del mundo, algo escondido -un diario o lo que fuese- le pareció extraña, casi imposible..."
Al abrigo. Juan José Saer.

Encontré este video en el blog de Gustavo Cucuzza. Es una historia de 56 segundos. Muy reveladores.





Miro. Entonces me pregunto:

Si leyéramos nuestro historial de búsquedas en Google y lo viéramos como una historia, como un diario que escribimos de a poco y sin darnos cuenta, ¿cuál es la propia historia que nos revela Google, el gran narrador?

Si decidiéramos marcar los hitos de nuestra vida en una línea temporal, seguramente elegiríamos momentos de acción y no de escritura. Pero cuánto hay de nosotros, de nuestra realidad, oculto en el historial de lo que devoramos leyendo a diario.

¿Qué querríamos borrar? ¿Cuántas horas nos gustaría recuperar para vivir de otra manera?

Si, como decía Lennon, la vida es aquello que sucede mientras estamos haciendo planes, ¿cuál es tu vida mientras buscás en Google? Tus deseos, tus ganas de aprender y cambiar cosas están ahí. El perfil de esa persona en Facebook o Twitter, el artículo que tenía un título gancho que lo hacía insoslayable, la foto prohibida.

Más completo que cualquier nube de etiquetas hecha con la herramienta donde guardás tus favoritos, Google te dice qué día y a qué hora estabas ahí, buscando eso, volviendo a clicar con el correr de los días, casi obsesivamente, a horas en que mejor hubiese sido salir a buscarse una vida.

Al abrigo de Google hay muchos secretos, muchas historias. Historias que dejan huellas y fragmentos tuyos en las estadísticas y los contadores de visitas de muchos sitios donde nadie sabe, ni puede saber, qué ven o qué quieren ver. Historias que colecciona el cookie de la red social que, por simple virtud de existir, transforma tus deseos en commodities y sólo la providencia sabe lo que pueden hacer con eso.

Historias que nos vuelven en búsquedas de nuestro nombre como retazos de nuestro espejo. Retazos que algún Sherlock Holmes, experto en recursos humanos que cree saber mucho habiendo navegado poco y publicado nada, podría reconstruir a su antojo y dictarnos sentencia sin juicio. Espejo propio que muchos, más por mantener la salud que por miedo a avergonzarse, quisieran evitar. O simplemente cancelar todo con el botón del olvido en el historial y comprar la ilusión de que podemos empezar una vida nueva.

No leas más. Hacelo. Andá al historial de tu navegador y fijate qué historia, verdadera (lo terrible es que es verdadera), de tu vida te cuenta Google, el gran narrador.

21 de agosto de 2011

Sábato entre el arte y la veracidad del relato

Ya no recuerdo qué era lo que buscaba sobre Sábato cuando descubrí esta cita. Fue suficiente leerla una vez para olvidar qué me llevó hasta ahí y simplemente celebrar adonde llegué.

"Un argentino que pretende utilizar a Marx como maestro sostiene que el Don Segundo Sombra de Güiraldes no existe, que es apenas la visión que un estanciero tiene del antiguo gaucho de la provincia de Buenos Aires. Lo que es más o menos como acusar a Homero de falsificador porque exhaustivos registros llevados a cabo en las montañas calabresas y sicilianas no han dado con un sólo cíclope. Con este mismo criterio de naturalista habría que rechazar a Modigliani por su manía de pintar mujeres con gargantas inexistentes. Pero ¿"inexistentes" dónde? No desde luego en el espíritu del pintor. La diferencia entre Modigliani y una máquina fotográfica es que el arte no es una copia de la mera realidad externa sino un acto ontocreador, más cercano al sueño que al espejo.

Por ahí andaba todavía el modelo que empleó Güiraldes para inventar su personaje. Creo que se llamaba Segundo Ramírez. Los astutos administradores de la fama lo exhibían a los turistas extranjeros. Evité la tristeza de conocerlo, pero aún así puedo asegurar que era un mistificador, porque el auténtico Don Segundo es el mito imaginado por Güiraldes, que misteriosamente reveló un secreto de la condición pampeana. Inmortal, como todos los mitos. Que los sociólogos de la literatura y los profesores de folklore no pierdan el tiempo tratando de desautorizarlo."

¿No es genial?

Aquí agrego un esbozo de traducción que muchos encontrarán debatible. Si alguien queda muy desconforme, como siempre, pueden sumar un comentario.

"An Argentinean who intends to regard Marx as a teacher argues that the character Don Segundo Sombra by Güiraldes does not exist, for it is merely a farm owner's vision of the old gaucho in Buenos Aires province. This is more or less like accusing Homer of writing a fabrication because exhaustive registers done in the Calabrian and Sicilian mountains prove that not a single trace of a Ciclop has been found. With the same naturalist criteria, we should reject Modigliani for his obsession of painting women of non existent throats. But where are these 'non existent'? Definitely not in the spirit of the painter. The difference between Modigliani and a camera is that art is not a mere copy of external reality, but an act of creation, closer to a dream than to a mirror.

Güiraldes' model to create his character was along those lines. I think he was called Segundo Ramírez. Astute administrators of fame will exhibit him to foreign tourists. I avoided the sadness of meeting him, but even so, I can affirm he was a mystifier, because the true Don Segundo is the myth imagined y Güiraldes, who mysteriously revealed a secret of the condition of man in the Pampas. Imortal, like every myth. May the sociologists of literature and the folklore teachers not lose their time trying to invalidate him."

Amén.

31 de julio de 2011

Podcasts

Desde mi último post grabé más podcasts leyendo pequeños fragmentos de autores argentinos y extranjeros, agregando algunas traducciones disponibles en la web, escribiendo otras. Los archivos de audio estarán almacenados en un blog llamado Voice-overs.
http://voice-overs.posterous.com/

Por alguna razón, me gusta grabar de noche.

Buscar los fragmentos para grabar me remonta a una época anterior a Internet. Una especie de ritual o hábito guía la manera de mirar entre los estantes de mi biblioteca; tocar los libros de manera zigzagueante. Quedarse un ratito ahí parado para confirmar que era justamente ése el libro con la cita en cuestión. No, ese no. Surge algo de ansiedad que hay que mitigar para que el momento siga siendo placentero. Por momentos, uno desearía que se pudiera googlear dentro de un texto de papel. No puedo forzarlo: sólo puedo apelar a la memoria. Uno recuerda vagamente una cita. Sabe que era más hermosa en el original que en el recuerdo. Sabe que la marcó con lápiz y se dispone a encontrarla. Sería sumamente engorroso describir todo lo que hago para dar al fin con el párrafo. Es una lectura desordenada, guiada por instintos generados entre obstinados recuerdos visuales que ordenan qué parte de la página mirar, mientras se pasan rápidamente las hojas. La razón afirma que según la cronología del cuento o de la novela la cita está en otra parte, entonces, se interrumpe el avance y se produce una vertiginosa marcha atrás hasta el primer capítulo. El índice siempre es lo que menos ayuda en estos casos. Encontrar lo que se busca en un libro de papel tiene mucho de magia y de fortuito. Ya sentado y rendido, uno se dispone a dejar caer el libro en la mesa y éste, que estaría esperando que lo dejen hablar, se abre justo donde está la anotación en lápiz que resalta las palabras que tanto quisimos alguna vez rescatar del olvido. Final feliz.

Así fue como encontré este fragmento de La pesquisa de Saer.

Para estas tareas que uno sabe con certeza cuándo empiezan, pero nunca cuando terminan, mejor de noche.


Bookmark
Fuente: Bookmark

12 de junio de 2011

Sobre voces y renuncias

Siempre que pienso en la voz, pienso en qué clase de registro de lengua uso para escribir en un blog. Es como si la palabra se hubiera trasladado desde su sentido literal a uno nuevo que designa al medio que la contiene. Hoy me dedico a revertir esa metonimia.

La voz, mi voz, es una tecnología que uso poco. Sin embargo, me encanta leer a mis autores favoritos en voz alta. Pocas veces los leo delante de alguien que no sea un alumno. Cuando se trata de literatura, sobre todo poesía, me parece que es insoslayable la realidad de que el texto tiene música. Se puede leer en voz baja, claro. Pero, ¿Por qué renunciar a la magia de actuar y dar vida con nuestra respiración, labios y voz al poeta y su Dark Lady del soneto 18? Podríamos traducir el poema al español y nuestros labios no se moverían como los de Shakespeare. De paso, ahí tenemos un ejemplo de límite de traducibilidad.


Babel de libros

La literatura, según mi falsa y modesta intuición, no está en libros cerrados. La literatura es algo que pasa cuando leemos. Borges, en el dramático texto La trama, escribía: ¡Pero, ché! y aclaraba que esas palabras hay que oírlas, no leerlas.

Telón para este post y a otra cosa.

Toda esta digresión inicial surge en mi mente a raíz de un post y sus comentarios entre Gabriela Sellart y Diego Leal. Como parte de las consignas y desafíos de ArTic, estuvieron jugando con una herramienta que se llama Broadcastr. A diferencia de Gabriela, a mí no me tienta la palabra desafío. A mí me atrae ir a jugar con ellos ;-) Porque hay gente con la que es inevitable aprender cuando están cerca.

A jugar se ha dicho

Leí una vez en voz alta y la segunda me grabé. Hasta ahí, fácil y rápido. Igualmente, casi renuncio al ver lo lentas y burocráticas que pueden ser las cosas simples. Resulta que el editor de audio Audacity (superior, según Gabriela, al que trae Broadcastr), por cuestiones de licencia, necesita que te bajes un programa aparte para exportar el audio como un mp3. Y cuando eso está listo, Broadcastr no muestra el botón de Upload en Chrome y, por esas cosas de la vida virtual, hoy está bastante lento. Además, conviene embeber el código al final del post. Por alguna razón, altera el html del resto de lo escrito y desaparece de la vista! Creo que Broadcastr está pensado para perderse en su rico mapa de historias y mejor dejarlo ahí.

Pero no, no renuncié. Al pie de este escrito encontrarán: un poema de Borges en versión original en español (quedó un ruido al inicio, cosas de principiante, sorry). Otro con esta versión un tanto adulterada por mí en inglés.

Epílogo

Quiero seguir aprendiendo sobre el audio y la edición. Pero voy a utilizar una herramienta más ágil la próxima vez. Algo que me deje más tiempo y atención libre para el contenido. Al fin y al cabo, la tecnología que quiero aprender a utilizar es una mucho más simple y antigua: mi propia voz.



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Claudia Ceraso is a graduate teacher of English from IES Lenguas Vivas 'Juan Ramón Fernández' . She is also a Literary, Technical-Scientific Translator EN<>SP from IES Lenguas Vivas. She has studied History of Art at AAMBA. She has been teaching Cambridge B2 First, C1 Advanced and C2 Proficiency courses at AACI -Asociación Argentina de Cultura Inglesa- since 2002. She is a full-range Cambridge Speaking Examiner. She teaches the subjects Contrastive Analysis and Journalistic Texts at the Translator's Training Course at Instituto Mallea. X (ex-Twitter) @fceblog LinkedIn Mail: fceblog (at) gmail (dot) com My blogging projects are strictly personal and need not reflect the views of my employers.
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